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Del Día de los Maestros y los retos de la educación.

Ocho meses atrás, el 27 de septiembre de 1917, dos legisladores -ambos profesores- Benito Ramírez y Enrique Viesca Lobatón, presentaron la iniciativa ante el pleno del Constituyente.




El investigador de la UNAM, Alejandro Canales Sánchez, detalla en un artículo publicado por el Semanario de Educación Superior (SES), que el día del maestro se instituyo oficialmente en 1918.

Ocho meses atrás, el 27 de septiembre de 1917, dos legisladores -ambos profesores- Benito Ramírez y Enrique Viesca Lobatón, presentaron la iniciativa ante el pleno del Constituyente.

El proyecto leído en la Cámara de Diputados hizo énfasis en las injusticias prevalecientes con los profesores y la importancia de honrar y dignificar su labor por lo que propusieron una ley de dos artículos: El primero, para declarar el día oficial de los Maestros y el segundo, para que “los padres o tutores encargados de los niños, los enviarán en ese día a la casa de sus maestros, para saludarles, rindiendo el homenaje de su gratitud.”

En octubre, los Diputados determinaron que la celebración se conmemoraría el 15 de mayo, quedando inscrita en el artículo 1°, y estableciéndose, que este día deberán suspenderse las labores escolares, además que las Escuelas deberán organizar actividades culturales.


Alejandro Canales comenta que, al ser enviada la Ley al senado, esté, no modifico la propuesta. Solo eliminó los motivos por los que se escogió el 15 de mayo para la celebración. Por ello, creo oportuno agregar, que ese mismo día, pero de 1867, el ejército mexicano derrota al Segundo Imperio de México, acción que culmina con la toma de Querétaro. Y también, que en esta fecha se celebra a un personaje religioso en la historia de la iglesia católica, San Juan Bautista de La Salle. Sacerdote y pedagogo francés innovador, que dedicó su vida a formar maestros destinados a la educación de hijos de artesanos y de niños pobres de su tiempo.


La iniciativa distingue a los maestros por su encomiable labor para educar a las nuevas generaciones, por sus carencias para ejercer su profesión y por la noble tarea de transmitir valores y conocimientos académicos.

Pero hoy, la opinión pública esta dividida y duda en muchos sentidos de la labor de los docentes de primaria y de secundaria.


Esto, a partir de personajes por demás controvertidos, que han dirigido a las organizaciones de maestros, como Elba Esther Gordillo o Flavio Sosa, líder de la APPO. A las disputas entre el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), a la politización exacerbada, a los paros escolares, bloqueos de calles, tomas de vías de ferrocarril, marchas y plantones, para exigir sus derechos.


Hecho representativo de este conflicto, lo constituye la disputa entre la Sección 22 del SNTE y los maestros disidentes de esa misma sección, pero de la CNTE. Que ante la opinión pública aparecen como actores unitarios enfrentados contra el Gobierno. Pero que, en realidad, son dos facciones distintas que se disputan la democratización y el poder del gremio magisterial en Chiapas, Guerrero, Michoacán y Oaxaca.






Y ahora por si fuese poco, a las extravagantes adiciones a los planes de estudio plasmados en los libros de texto que, en la 4T, enseñan a los niños de primero de primaria los conceptos de Asamblea, Plenaria, como protestar contra las autoridades y otras linduras de la lucha de izquierda en nuestro país.

Desde hace muchos años ya, de manera errónea se bifurco la enseñanza de los niños, imputando a las familias la transmisión de valores y a los maestros los conocimientos académicos. Elementos de una formación integral, que deben ser reforzados por los dos núcleos, profesores y padres de familia. Además, que se debe enfatizar el equilibrio entre derechos y responsabilidades, pues un hecho de nuestra caótica relación es la exigencia de derechos, pero no de responsabilidades que fortalezcan la convivencia en comunidad.


En los momentos de necesidad de una ciudadanía más informada y participativa, vale la pena recordar las palabras de Werner Jaeger “La educación participa en la vida y el crecimiento de la sociedad, así en su destino exterior como en su estructuración interna y en su desarrollo espiritual.”

Esta frase contenida en su obra Paideia: los ideales de la cultura griega, expone la integralidad de la educación, las responsabilidades de los padres y los maestros para educar a los futuros ciudadanos con altos valores técnicos, culturales, deportivos y cívicos.

Por lo pronto, muchas felicidades a los maestros que mantienen esta profesión como un apostolado, lleno de cariño y compromiso con las niñas y los niños, con los padres de familia y con la sociedad en su conjunto.

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