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Gobernar con liderazgo

Uno de los grandes preceptos del liderazgo establece que el líder no es aquella persona.


Uno de los grandes preceptos del liderazgo establece que el líder no es aquella persona que solo manda y la grey obedece. Por el contrario, el líder es el que sirve a los demás, motiva con su ejemplo y siempre esta al pendiente de su gente.

Sin embargo, en las últimas décadas, sobre todo a partir de que el ejercicio de la política es un gran espectáculo, un enorme show -primero en los medios masivos como la televisión o el radio y luego en las redes sociales- muchos de nuestros gobernantes han decidido invertir el axioma para sentirse estrellas y personajes tocados por la mano de Dios y con ello, se sirven del puesto para extender su carrera política con el uso y el abuso de recursos públicos que realizan con extremada arrogancia.


Retomar y privilegiar la vocación de servicio como misión del gobernante, es decir, atender el llamado a servir con verdadero liderazgo, costará mucho trabajo y nuevas luchas, simplemente por las lógicas culturales que hoy imperan. Además, de que en esta etapa crítica del país, la fuerza ciudadana se agota en la indignación sin acción, manifiesta en el Facebook, el X o en memes que llevan a tomar la vida en broma.








Regresar a la exigencia ciudadana para que las autoridades cumplan su papel en los tiempos que corren, será muy complicado, pues como lo afirma el filósofo Byung Chul Han “los dedos que se deslizan en los dispositivos electrónicos no hacen la revolución”. Y, por otro lado, inmersos en la variable: popularidad es igual a derecho a gobernar, se agotó la mística del servicio, la probidad y el respeto a la ciudadanía. Parece que el gobernante popular, tiene derecho a no cumplir las reglas democráticas.


No obstante estas circunstancias, tenemos nuevamente la oportunidad de decidir con nuestro voto el próximo año, el recambio de autoridades. En principio, a las que han cumplido su palabra y han actuado como verdaderos servidores públicos. Luego, a los aspirantes que demuestran capacidad, experiencia y honradez.

Como tercer factor, aquellos que han integrado un verdadero programa de Gobierno o Legislativo que englobe las necesidades, carencias y anhelos de los ciudadanos. El cuarto elemento, enunciativo más no limitativo, el de comprometerse a transparentar sus acciones, el gasto público y evitar la simulación, muy recurrente en los días que corren.


Pero por ahora, parece que el grueso de la opinión pública considera que la clase política mexicana ya no tiene remedio, la señalan como oprobio y vergüenza nacional. Sugieren con pesimismo, que mantendrán cada vez y con mayor desfachatez sus conductas, ante una sociedad civil indefensa e inactiva, ensimismada en sus problemas personales y absortas en sus dispositivos electrónicos. Esa es nuestra tragedia, pues enajenados en las series televisadas, los realities shows, el WhatsApp o el Tik tok, no tenemos hoy la capacidad organizativa consistente, para exigir a los gobernantes la rendición de cuentas.

Ante tal pesimismo y escenario grotesco, no debemos claudicar e insistir en que se regrese al ejercicio de un servicio público, que tenga como prioridad la vocación de servicio, e impulsar a las personas que con estas conductas, sean dignas de representarnos y dirigirnos. Hombres y mujeres con valores excepcionales que hagan diferencia con el político convencional, ese demagogo de uno y de otro partido, en todos niveles, que vende espejitos, promete cambiar el mundo y luego por insuficiencia y cortedad de miras, vuelve a defraudar al electorado.

Parece una utopía, pero aun hay tiempo para reconsiderar la importancia que tenemos como ciudadanos responsables, dignos de esta categoría. Para hacer valer las frases con las que nos calificamos cuando hay una tragedia o una coyuntura: los mexicanos somos los más solidarios, los más creativos, los más chingones…

Todavía tenemos tiempo para apartar unos minutos de la charla familiar o con los amigos, para evaluar a candidatos de todos los partidos que pretendan competir en las elecciones de 2024.

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