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La indispensable Cultura del Diálogo.




«Cuando yo tenía como 4 años de edad, mi gran compañera de juegos fue mi hermana, apenas unos años mayor que yo, teníamos lo que se dice una gran relación, con padres amorosos, que nos inculcaron el respeto y la sana convivencia, pero como todos los hermanos entre ella y yo siempre existían pleitos y diferencias, así que cuando nos enojábamos, ella tenía un método simple para resolver nuestra situación.

Ponía sus dos manos frente a mí, la derecha extendida y la izquierda parcialmente extendida y formando con el pulgar y el índice un aro me decía: Decide ¿la Guerra o la Paz?, así que yo, siempre tenía la oportunidad de decidir tomar la mano extendida de mi hermana y elegir la Paz, dejar pasar el momento de enfado y seguir jugando juntos, o podía también romper el aro, formado por sus pequeños dedos y dejarnos de hablar durante todo el día. Hoy nuestro país parece encontrarse en esta encrucijada de hermanos, ¿la Guerra o la Paz?, en mi experiencia infantil, siempre resulta mejor darnos la mano y reconsiderar nuestra relación hacia adelante, escuchando al otro, porque, cuando rompes el aro, ya no tienes a nadie con quien jugar».


Nunca como hoy la tecnología, ha establecido una red que permite la comunicación casi instantánea y global entre las personas. Paralelamente, sin embargo, también existe, en este momento, la sensación de que nuestra capacidad de relacionarnos está deteriorándose progresivamente. Así cada vez resulta más complicada la comunicación y el diálogo.


Teóricamente, El diálogo es un proceso comunicativo en el que personas con diferentes perspectivas buscan comprensión. Estar en diálogo significa que los participantes no solo se involucran entre sí a la luz de sus diferentes puntos de vista, sino que también se esfuerzan por lograr un grado de comprensión mutua que les permita la convivencia o incluso la sana y respetuosa distancia.

Y es justamente en este punto en donde se funda la posibilidad del diálogo, el arte de dialogar nos lleva necesariamente a la capacidad de conocer, descubrir y procesar puntos de vista diferentes, necesidades e ideas, que para las personas que dialogan pueden ser, extrañas y ajenas, pero que también pueden enriquecer el conocimiento tanto el propio: ¿cómo me siento yo frente a tal o cual idea o conducta de los otros? o ¿cómo se sienten ellos frente a mis puntos de vista o acciones? y así producir o no empatía.




Nuestra capacidad de comunicación actual ampliamente tecnificada, nos permite verter casi sin filtro una enorme cantidad de opiniones, ideas y contenidos, a un número cada vez mayor de personas, conocidas, pero generalmente anónimas.


Se estima por ejemplo que solo en México existen más de 94 millones de usuarios, que emiten sus opiniones y puntos de vista a través de las redes y seguramente por esta cascada de opiniones tan diversas, cada vez surgen en las redes tendencias como la “cultura de la cancelación”, un concepto que consiste en retirar el “apoyo” o la capacidad de comunicación y dialogo: “cancelar” a una persona que dijo o hizo algo ofensivo o cuestionable, desde el punto de vista de un sector de la sociedad, a pesar de que en muchos casos no exista ninguna prueba de por medio y en otros con puntos de vista sesgados, fuera de contexto o subjetivos.



Cancelar es un tipo de bullying grupal ya que son muchas personas que parecen ponerse de acuerdo para atacar o descalificar los puntos de vista de otra persona, de algún grupo o empresa. Esto se ha vuelto aún más popular al delatar actitudes que para algunos pueden contener racismo, homofobia, clasismo, machismo y una amplia gama de conductas que pueden hacer fruncir el ceño a una gran cantidad de usuarios, pero que en algunos sectores o grupos puede escalar e incluso generar acciones más agresivas, que pueden quedarse solo en la violencia virtual, pero que en algunos casos trascienden al plano real

La cultura de la cancelación, es un movimiento tan grande y poderoso que varias personas han perdido sus trabajos, reputación y estilo de vida por ser canceladas, sin la posibilidad de desmentir, explicar, enmendar o intentar arreglar sus acciones, quedando sumergidas en una avalancha de odio público.


Cancelar rompe de tajo con la posibilidad del dialogo y convierte a la sociedad en un conjunto de personas polarizadas, antagónicas y que destruyen la opción de comunicarnos, convertir al otro en adversario reduce al mínimo la oportunidad de dialogar, transformando la relación a una lucha en donde necesariamente existirá un ganador y un perdedor.

porque para dialogar se debe construir una cultura de respeto al otro, tener el interés por escuchar de manera activa las opiniones y puntos de vista, más aún, si el otro es un familiar, un amigo, un vecino o un ciudadano, una persona con el que compartimos. Afectos, historia, cultura, ciudad o país.

Promover y trabajar de forma permanente en la cultura del dialogo y el respeto es una tarea esencial que debemos promover y estimular todos los ciudadanos, no podemos permitir que por mala fe o inacción, se dinamiten esos puentes de comunicación ya sean virtuales o reales.


Sabemos que existen muchas cosas que requieren cambios de dirección, pero también sabemos, que será imposible avanzar hacia un mejor lugar para vivir, si cerramos las posibilidades de comunicarnos, es preciso asumir un papel más activo en donde entendamos que tenemos un extraordinario país, donde cabemos todos y debemos trabajar para convertirnos junto a todos los demás en los respetuosos interlocutores que elegimos dirimir nuestras diferencias, a través del dialogo, y evitar convertimos en duros contrincantes enfrentándonos permanentemente, en donde el que seguramente perderá… será México.


Cultivemos la cultura del dialogo que nos permite seguir buscando alternativas y soluciones a problemas comunes y trabajemos en pequeñas acciones cotidianas, seguramente con una dosis de comunicación positiva, sabremos que es más lo que nos une que lo que nos separa, respetemos a los otros y sigamos en el juego, construyendo una mejor comunidad.

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