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La polarización nuestra, de cada día.

Presumimos que el bando al que nos adherimos posee la verdad, encarna la razón y la dignidad del pueblo mexicano, aunque no sea verdad.


Mientras más cerca están los procesos de definición de las candidaturas presidenciales para 2024, más crecen las diferencias, el encono y la sinrazón de sabernos profundamente divididos como mexicanos y de hacer muy poco para remediarlo.

Paradójicamente, deseamos con vehemencia que le vaya bien al país y con él, a todos, pero rechazamos al que piensa distinto a nosotros. Por ello, vemos en las redes sociales o escuchamos en las pláticas entre amigos y familiares, además de leer en las opiniones de los analistas que se identifican con el Gobierno o con la Oposición, cientos de críticas feroces hacia uno y otro lado, pero sin que haya propuestas, ni canales de reconciliación.


Todo se dirime en la bruma de las fake news y de las noticias tendenciosas, aunque no carezcan de verdad. También, en las informaciones con altas cargas emotivas y de poca objetividad. En este espacio, hemos preguntado reiteradas ocasiones, ¿a quién beneficia esto? A lo cual hemos respondido: sin duda a los políticos tradicionales, no a los ciudadanos, que caemos a la menor provocación, en las arenas movedizas de la demagogia y el arrebato contra los que piensan distinto.


Presumimos que el bando al que nos adherimos posee la verdad, encarna la razón y la dignidad del pueblo mexicano, aunque no sea verdad. Pues los países exitosos se cimentan en la diversidad, en la tolerancia y en la participación colectiva.


Anthony Robbins, escritor y conferencista en temas de neurolingüística sentencia, “La vida es un reflejo del inconsciente y nuestro inconsciente son nuestras creencias. Es así, que una creencia es un pensamiento convertido en verdad, aunque sea falso”. Dicho de otra forma, usted es lo que cree.

Y al suponer que solo el grupo con el que coincide podrá sacar del atolladero a México, se equivoca, pues necesitamos de la participación consiente y responsable que permita la actitud dialógica y una arquitectura común, en la que quepamos un mayor número de personas, de derecha, de centro y de izquierda.




Sin embargo, en un entorno de polarización, no se propicia la humildad para reconocer que en ciertas ocasiones nos equivocamos. Por el contrario, crece el fanatismo ideológico, sin la oportunidad de establecer relaciones de simpatía y colaboración, que enriquezcan nuestra vida con otras visiones.

El premio nobel de economía 1978, Herbert Simon apuntaba, que “El bombardeo de información actual, consume la atención de sus receptores. De ahí, que el exceso de información, vaya necesariamente acompañado de una pobreza de atención”, a lo realmente importante, el crecimiento de los mexicanos que, en medio de las diatribas, queda en segundo plano.

Por si fuese poco, existen demasiadas distracciones cada día y en cada momento, en el WhatsApp, el TikTok y el Facebook, lo mismo que en las notas sensacionalistas emitidas por las cadenas de radio y televisión, como para centrarnos en lo fundamental. Al final, gane Morena o el FAM, lo deseable será la contribución de todas y de todos para salir del momento complejo que atravesamos, pues parece que los siguientes nueve meses serán de mayor algidez y aversión.

No obstante, a algunos ciudadanos nos gustaría sobremanera que se privilegiaran las ideas, las soluciones a los problemas del país y se logre realizar un llamado sin precedente para invitar a los mexicanos a encontrar la tolerancia, el debate inteligente y los objetivos comunes.

Así como los partidos tendrán la responsabilidad de convocar a los heridos de sus procesos internos para mantener la unidad. Así, las y los candidatos de todos los niveles de representatividad, deberían apostar a bajar la polarización y centrarse en campañas muy lejanas a las guerras de lodo, con las que parece llegaremos al 2 de junio de 2024.

Recordemos que la tarea para evitar más polarización es de todas y de todos, no dejemos solo en los políticos este debate, exijámosles capacidad para comunicar con asertividad y estrategias de beneficio para la comunidad. Porque siempre, lo más fácil es criticar, denostar y destruir. No edificar, ni proponer.

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