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México mágico y surrealista. El efecto Xóchitl

En una sociedad esquizofrénica, ya no es extraño criticar alguna cosa y luego hacer lo mismo, que con dichos se satanizo. Me refiero a que uno de los reclamos más airados a las personas que votaron por el presidente Andrés Manuel López Obrador.




Hay ocasiones en las que ofrecer un comentario o escribir, por ejemplo, una columna, se convierte en deporte extremo; debido a los fanatismos ideológicos que hay que sortear y que campean en todos los sectores sociales, como consecuencia de la inconformidad, la desazón o las contradicciones de tiempos oscuros.

Constitucional e hipotéticamente, cualquier ciudadano tiene derecho a postularse o ser postulado a algún cargo público. Pero en el mundo de los partidos políticos, las reglas no escritas y la lucha al interior de las nomenclaturas, determinaran a los tapados, ahora llamados corcholatas y en el otro extremo, a los tapados con apariencia ciudadana, hoy denominados coordinadores de la oposición.


En este universo surrealista, la nominación de moda es la de la Senadora Xóchitl Gálvez, que, de pretender la candidatura al Gobierno de la ciudad, hoy es propuestas en redes sociales y compite en el Frente Amplio por México, por la candidatura presidencial para 2024.


En su caso, ha ocurrido lo que en estos días se denomina efecto viral, una infoburbuja en la opinión pública de ciertas clases sociales, que puede crecer aún más o puede mantenerse en sus límites, por las extrañas leyes de la fama y el olvido, el trending topic y las tendencias de la semana.


En una sociedad esquizofrénica, ya no es extraño criticar alguna cosa y luego hacer lo mismo, que con dichos se satanizo. Me refiero a que uno de los reclamos más airados a las personas que votaron por el presidente Andrés Manuel López Obrador, es que cuando emitieron su voto, lo hicieron con el hígado, soslayando la experiencia, los conocimientos de la administración pública, un proyecto de Gobierno acorde a las circunstancias nacionales y las relaciones suficientes y necesarias para gobernar con éxito, la decimocuarta economía del mundo.

Sin duda, la trayectoria de Xóchitl ha sido muy relevante y extremadamente mediática, por su simpatía, su paso por el Gobierno de Vicente Fox (donde compartieron el lenguaje florido), por ser designada como importante líder de empresarios en algún momento, además de ser Jefa Delegacional en una demarcación de la ciudad de México y ahora Senadora de la república.


Pero de esta destacada trayectoria a ser postulada al cargo de representación política más importante del país, hay una gran brecha, como en aquel viejo dilema entre la teoría y la práctica.

Ahora, que aún se extiende en nuestros tiempos la Sociedad del Espectáculo, como la denomino el filósofo y cineasta Guy de Debord, el espectáculo ha fagocitado a la política.


En su obra Debord, delinea el desarrollo de una sociedad moderna en la que todo lo que una vez fue vivido de manera directa deviene en una mera representación y expresa que del ser se pasó al tener y del tener se ha pasado ahora al parecer.

A la representación, a la construcción de perfiles y personalidades virtuales que son espejismos, pero en la vida real, no necesariamente son congruentes con sus predicas y foto shops.






El circulo vicioso en el que estamos inmersos los mexicanos, es por un lado criticar el papel del mesías y los tlatoanis y por el otro, esperar a que llegue uno y sino está disponible, construirlo a través de las redes y los algoritmos de la inteligencia artificial. Como dicen hoy los jóvenes, vamos a producirnos, es decir, vamos a diseñarnos con imágenes, filtros computarizados e historias fantásticas.


Por el momento no sabemos cuál será la ruta de la senadora Gálvez, lo que queda firme en la idiosincrasia nacional, es la búsqueda y la espera del caudillo y los super héroes. Solo que creo, que enfrentar a un caudillo con otro, no es la receta para salir del hoyo en el que se encuentra México y los super héroes, aún están dentro del universo Marvel.

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