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Psicopolítica y campañas electorales.

El filósofo sur coreano Byung Chul Han, publicó en 2014 su libro Psicopolítica, con el subtítulo, Neoliberalismo y nuevas técnicas del poder



A muy pocas semanas de que den inicio formal las campañas políticas en el país, excepcionales por múltiples motivos. La polarización crece hasta el hartazgo, estando en juego dos visiones de país: una que critica la continuidad de la transformación fallida y otra que enarbola el regreso al pasado de corrupción y privilegios que devasto a México.

Por lo pronto, eso es lo que rezan los slogans publicitarios. Por ello, habría que preguntarnos ¿En verdad eso es lo que piensa la gente? O en la métrica de la manipulación ¿Solo nos han dividido en dos bloques activos para votar? Y seguir dando juego a los políticos de siempre.

El filósofo sur coreano Byung Chul Han, publicó en 2014 su libro Psicopolítica, con el subtítulo, Neoliberalismo y nuevas técnicas del poder. En el que sostiene la hipótesis de que vivimos en un mundo en el cual la política se interpreta ya desde internet y desde la transparencia que nos dan las redes sociales.

En el texto, el autor parte de la crisis de libertad que hoy aqueja al mundo, aunque el espejismo perverso es que creemos que ahora tenemos más libertades que nunca. Inicia con un análisis filosófico de la libertad y define a este concepto como la idea de coacción, como poder hacer. Afirma, que lo que nosotros entendemos en el siglo XXI por libertad, es la obligación permanente de buscar el éxito en lo que emprendemos, un éxito predeterminado por la sociedad.

Estamos coaccionados a poder hacer siempre, no importa si intelectual o materialmente es realizable la empresa que nos hemos trazado. En el condicionamiento social establecido en este siglo, todos podemos hacer hasta lo imposible, ahora creemos que lo podemos hacer todo, creemos que no tenemos limites y que nuestros sueños tienen que conseguirse. Cuando no sucede lo esperado, el resultado final es la depresión y el estrés. Byung Chul Han enfatiza, que como sujeto del rendimiento en la sociedad del cansancio, el individuo se siente culpable de que todos pueden, menos él.

Durante gran parte del siglo XX, el deber tenía límites, nuestros abuelos concluían su jornada laboral y se sentían libres el resto del tiempo no laboral, era un tiempo para el ocio. Aquel deber que tenia límites no es un poder hacer sin límites, nuestros abuelos trabajaban por sentido del deber y por cultura del trabajo. Nosotros trabajamos para auto explotarnos, para cumplir esos sueños que nos impusieron dentro de una normalización social, que nos dice que todo se puede y que es culpa nuestra si no se cumplen nuestras metas.

Han sostiene que estamos en un panóptico digital, mostrando nuestros pequeños logros todo el tiempo, desde el café que tomamos, el nuevo articulo que compramos y ese éxito que conseguimos, retroalimentando el deseo de volver a auto explotarnos para obtener cada vez más cosas, alimentando el consumismo que depreda la naturaleza.

La publicación de nuestra vida de un modo transparente es cómplice de una forma de entender los sueños, como el todo lo puedo. El autor considera, que una de las grandes trampas del sistema es hacernos creer que él, el sistema, no tiene la culpa al no concretarse nuestras metas y sueños, trasladando esa responsabilidad a nosotros mismos. Haciéndonos sentir que nosotros somos el problema, que no hemos hecho lo suficiente para resolver nuestra vida personal.

El poder dominante naturaliza ideas y las impone. Por ejemplo, Que el individualismo es mejor que la preocupación por el otro; Todo se puede si se desea o Todos somos originales y podemos mostrar esa originalidad en perfiles de redes sociales, donde se distingue uno del otro. Pero como observa Han, las redes sociales terminan siendo una estridencia de personas que gritan su individualidad, siendo todas absolutamente iguales en la pretensión para obtener likes y seguidores. Creemos que armamos comunidad, pero no somos más que abejas que trabajan para si mismas.

El repliegue narcisista de las redes sociales genera la falsa idea de que todos formamos una comunidad, pero cada uno trabaja para las redes sociales, brindando información generosa al Big data, que la utiliza para dividirnos hacia donde el poder quiere que vayamos.



























Según Byung Chul Han, la exigencia de transparencia que hace que todos brindemos nuestros datos con absoluta libertad y además con cierto gusto, hace que el político profesional disponga a la hora de las campañas de todo tipo de información sobre nosotros. Los ciudadanos somos consumidores de las redes sociales, pero al mismo tiempo creamos contenidos, cada vez que damos like o dislike, estamos armando un perfil que ingresa a un dispositivo y ese dispositivo clasifica esa información para orientarla a donde convenga.

La psicopolítica digital logra que la persona sea individualista para mostrar toda su vida personal y a la vez vaya confesando cuales son sus preferencias de consumo, de creencia e incluso de visión política. En la dictadura de la transparencia, el celular se vuelve nuestro confesionario. Así, decimos lo que realmente pensamos sobre algunas estructuras sociales, también pregonamos lo que nos sucede, convirtiéndose las redes sociales en iglesias, donde confesamos lo que vivimos. Esa información, es la que se usa para determinar públicos específicos y elaborar campañas de los políticos en el mundo, a medida de sus intereses. No de los de la gente de a pie.

Ahora, nos resulta obligatorio mostrar los alimentos del desayuno, cuando vamos al gimnasio o a nuestro concierto favorito. Pero sin darnos cuenta, brindamos al Big data y a sus algoritmos, las claves para publicitarnos determinadas ideas, que luego se convierten en nuestra forma de pensar.

En este revelador libro, el filósofo concluye. En otros tiempos, para hacer una campaña se disponía de información demográfica de las personas. Hoy se dispone de información psicológica.     


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